Temporada 5

KM 26: De la vergüenza a la confianza.

By 5 de abril de 2023mayo 22nd, 2023No Comments

TEMPORADA CINCOKM 26.

Un puente del miedo al amor.

Abrimos este nuevo episodio del podcast con una experiencia personal: el día que un concierto frustrado me hizo sentir avergonzada. Lo traemos a cuento para preguntar: ¿Puedes pensar en algún momento en el que hayas experimentado la vergüenza?

En la temporada 5 estamos reflexionando sobre aquellas emociones que nos exponen al conflicto, aquellos acontecimientos que nos han hecho sentir vulnerables, tristes, enfadados, pequeñitos, minúsculos, carentes de recursos para defendernos ante el juicio, la burla, o el abuso.

Para reflexionar sobre cómo construimos un puente que nos lleve de la vergüenza a la confianza (y viceversa) en el KM26 nos acercamos a la costa Oeste de Estados Unidos para descubrir la historia de confianza que guarda el puente Golden Gate; después damos un acelerón en el tiempo para atravesar el país y llegar a la costa Este, a la ciudad de Nueva York, para descubrir un nuevo arte que supo ser buen reflejo de su tiempo, el arte POP; finalmente, nos movemos hacia otra experiencia personal para sentir la vergüenza y reflexionar sobre cómo podemos ayudar a otras personas en el camino hacia la confianza.

Al final de cada encuentro, les dejo algunas de las fuentes que sirvieron de referencia para construir este relato. ¡Gracias por escuchar y ser lo suficientemente curiosos, como para llegar hasta aquí!

1º Encuentro: Un relato sobre el puente Golden Gate.

El Puente Golden Gate ha sido el puente ideal para hablar sobre la confianza y la vergüenza por las siguientes razones:

  • Es un puente que se construyó sobre el mar. Si en el KM25 cruzamos un río, ahora corresponde descubrir la historia detrás de un puente construido sobre un estrecho del océano pacífico.
  • En principio tuvo mucho detractores, se creía que era un puente imposible de construir.
  • Desde que la idea original se concibió por primera vez, hasta el día que se empezó a construir, pasaron 16 años. Eso nos habla de la enorme confianza que hay que tener para persistir en lo que se cree.
  • Su construcción tuvo una duración de cuatro años, de 1933 a 1937.
  • Joseph Strauss – el ingeniero que lideró este proyecto- tenía 64 años cuando inició la construcción del puente Golden Gate. Eso nos habla de su carácter y de sus competencias, en otras palabras, eso nos habla de su forma de ser y de su talento. Por un lado, el carácter es algo que se fortalece desde el autoconocimiento, lo segundo se desarrolla a través de la experiencia y la formación constante.
Fotografía de Martin Garrido tomada de Unsplash

La fotografía es de Martin Garrido y la tomamos de Unsplash.

  • El puente Golden Gate es un puente colgante, una técnica que fue posible de realizarse gracias a los avances tecnológicos, la evolución del acero, y la apertura de algunas vías de transporte importante, como lo fue el Canal de Panamá que se había inaugurado el 15 de agosto de 1914.
  • Tuvo la particularidad de ser una de las primeras obras de la ingeniería en la que los líderes del proyecto se preocuparon por darle confianza y seguridad a las personas que en el trabajarían. Para ello, Joseph Strauss y su equipo, decidieron construir una red de protección para evitar pérdidas humanas en caso de accidentes laborales. Nos puede sonar como un acontecimiento cualquiera, pero en su día fue una referencia en materia de prevención de riesgos laborales.
  • Esta estructura emblemática de la bahía de San Francisco, es hoy uno de los puentes más fotografiados del mundo. No sólo por todas las aportaciones que ofreció al sector de la ingeniería en su día, si no por el impulso que la movilidad le ha dado a la ciudad.
  • Como curiosidad, cuando se terminó de construir en 1937, la marina de los Estados Unidos quiso pintarlo de rayas negras con amarillas. Pero el Arquitecto Irving Morrow (el responsable del diseño de las dos torres estilo Art Deco), se impuso y escribió un manifiesto firmado por la ciudadanía, para defender que el Golden Gate tuviera ese naranja internacional que tanto le caracteriza.
Fotografía de Justin Wolff tomada de Unsplash

La fotografía es de Justin Wolff y la tomamos de Unsplash.

¿Quieres descubrir más?
Aquí algunas fuentes que nos sirvieron de referencia.

Sitio web oficial: Puente Golden Gate.
Echa un vistazo a la página web oficial del puente Golden Gate para descubrir más curiosidades sobre esta maravilla del mundo moderno. Si haces clic, el enlace te llevará a descubrir más detalles sobre Joseph Strauss y su vocación de constructor de puentes.

Documental: “Golden Gate: La verdadera historia del icono de San Francisco”.
Youtube tiene un montón de documentales sobre esta obra de la ingeniería del Siglo XX. Este documental nos sirvió de referencia para escribir el guion del KM26.

2º Encuentro: Los artistas del arte POP.

En el segundo encuentro del KM26 llegamos a la ciudad de Nueva York, la ciudad que fue la meca del arte en la década de los años 60s. La costa este nos sirve de referencia para reflexionar sobre ese tiempo en el que las pantallas empezaron a ocupar un lugar prioritario en la vida de nuestros padres y madres. La televisión representó una nueva ventana para descubrir el mundo, como los puentes, parecía acercarnos. Nadie fue indiferente al poder de la imagen, ni los empresarios, ni la clase política, ni la industria musical, ni los magnates de los medios de comunicación. Pero tampoco fueron indiferentes los artistas, particularmente, los artistas de un nuevo movimiento conocido como Arte POP.

En el episodio del podcast te contamos, por qué estos artistas nos pueden servir de inspiración para perder la vergüenza y hacer, con inteligencia, aquello que nos gusta:

  • Primero, los artistas del arte POP no necesitaron de la validación de ninguna elite para compartir su visión del mundo. Observaron su realidad y decidieron crear a partir de lo que la gente consumía. 
  • Así como la televisión irrumpió en la dinámica familiar para modificar nuestros hábitos y patrones de consumo, el ARTE POP también llegó para romper con lo que hasta ese momento se consideraba ARTE. Los artistas del Arte POP pensaban que el arte no iba solamente de las técnicas tradicionales como la pintura al óleo o la acuarela, nuevos formatos podían servir para decir algo sobre el mundo. Así que recurrieron a otros formatos que eran comunes en la publicidad, las llamadas “artes seriadas”: litografías, grabados, serigrafías. Formatos fáciles de replicar en su totalidad y que incluso, podían fabricarse en serie.
  • Los artistas del arte pop defendían que el arte debía ser para todos. Debía tratarse, principalmente, sobre aquello que simplemente nos gusta, porque aquello que nos gusta, es aquello que consumimos, y aquello que consumimos dice algo sobre nosotros mismos, sobre la cultura en la que vivimos.
  • Al principio, muchos consideraron que el Arte POP era un arte superficial, cuando en realidad, este movimiento fue muy inteligente. Más allá de los colores o las figuras que protagonizaban las nuevas piezas artísticas, la ironía era un recurso para la inteligencia. Era atrevido y provocador, especialmente para las mentes más conservadoras o tradicionales.
Andy Warhol-Latas Campbell

Obra: “Latas de sopa Campbell” | Artista: Andy Warhol. | Año: 1962. | Arte POP |Localización: MOMA (NYC).

Porque… si estamos dispuestos a pensar, ¿qué hay en el fondo de la sopa de las latas? ¿Qué hay detrás de un icono de la época como Marilyn Monroe, o Elvis Prestley, o incluso, Jackie Kennedy?

El arte es un recurso para decir algo sobre el mundo. Y el movimiento POP se apoyó de los medios de comunicación para alcanzar a la masa, al volumen. Recurrió a la popularidad para la aprobación, más que a una minoría para la reprobación.

¿Sin vergüenzas? Si partimos del hecho de que no tuvieron reparo en expresar su visión del mundo con un estilo distinto, pues sí, ¡un poco sin vergüenzas y con mucha confianza!

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Obra: “Look Mickey” | Artista: Roy Lichtenstein. | Año: 1961. | Arte POP |Localización: National Gallery (Washington D.C.).

3º Encuentro: ¡Construye tu puente sobre la vergüenza!

El cierre del KM26 viene con un relato de mi adolescencia temprana. Estoy segura de que todxs alguna vez, hemos estado presentes cuando una persona ha querido ridiculizar a otra. Te dejo la transcripción de que quizá, tú puedas ser más valiente que yo, aquel día en el que quise alzar la voz o recurrir al humor, para construir un puente que nos llevara a la confianza.

TRANSCRIPCIÓN

La vez que canté ópera no fue la única ocasión en la que la vergüenza me visitó. Algunos años después, cuando tenía 11 o 12 años, volví a sentirla con intensidad. No la sentí sólo yo. Fue una vergüenza compartida. Ocurrió así. 

Había un escenario. Un grupo de niñas y yo bailábamos. Bailar se me da mucho mejor que cantar ópera… pero a una de las chicas de aquella clase, seguir el ritmo del resto del grupo, no se le daba muy bien. 

Para mí – y para el resto de las niñas en ese escenario- aquello no era importante. Era una compañera divertida. A ella tampoco le parecía importar mucho no llevar el ritmo de la música. Simplemente, venía a la clase y  bailaba. Ser la pieza que desentonaba, no era para nosotros un problema. 

A veces, si alguna de las maestras de baile se ponía mala, nos mandaban a otra maestra sustituta. En aquella academia, había una profesora que tenía fama de ser estricta. Todas le teníamos miedo a la profe de baile estricta. Había algo de rigor extremo cuando ella entraba en el salón. Un día vino a la clase de baile, le dio play a la música, y empezamos a bailar.

Todos seguíamos los pasos. Uno, dos, tres, cuatro. POP. Aquella niña de la que te hablé, también, pero en un tiempo distinto, en una órbita diferente. Un, dos, POP, cuatro. Nosotros no le prestamos atención, pero la maestra estricta, sí. 

De pronto, mientras bailábamos, se apagó la música y se encendió un reflector. Todas las miradas se colocaron sobre la niña de ritmo distinto y la profe estricta levantó la voz. “Cuenta, niña, cuenta. ¿Es que no sabes contar? Un, dos, tres, cuatro. ¡Cuenta!”. La profe estricta le tomaba de las manos, le estiraba el cuerpo, le intentaba imponer un movimiento. Y fue entonces que la vergüenza me visitó con intensidad por segunda vez, pero a la niña del ritmo distinto aún más. Se le notaba. Así es la vergüenza. Se hace visible en el cuerpo. Te viene un sobresalto en el corazón y la sangre cambia de temperatura, y por un momento se pierde el equilibrio, y la mente se bloquea. Es molesta. La vergüenza es molesta y no se ve venir. Te pilla como te pilla y depende de su nivel de intensidad, te deja muda. Si resulta agresiva, te congela. Golpea. La vergüenza representa un conflicto. Eso sentía yo en conexión con la niña de ritmo distinto que parecía hacerse más y más pequeña en aquel escenario que se había tornado sombrío.

Su piel comenzó a sonrojarse, y empezó a temblar como un perrito chico y empezó a llorar mientras aquella maestra “estricta” insistía: “¡Cuenta, ¿es que no sabes contar? Un, dos, tres, cuatro”. 

El baile dejó de ser divertido. La vergüenza había cubierto al cuerpo de baile. Todas nos convertimos en espectadoras, y bajamos la cabeza y callamos, porque nosotros también éramos niñas. Niñas de 12 o 13 años que aún estábamos construyendo nuestro carácter y nuestras competencias. 

Dice la recién Premio Nóbel de Literatura, Annie Ernaux, que:

Lo peor de la vergüenza es que uno cree que es el único en sentirla.
– Annie Ernaux.

KM 26: De la vergüenza a la confianza.

La foto es de Solen Feyissa y la tomamos de Unsplash 

Pero no. Ella, mi compañera de baile de ritmo distinto, no era la única que sufría esa vergüenza. Yo la sentía con ella, y estoy segura, que otras niñas también.

Ese día, cuando llegué a casa lloré y no se lo dije a nadie. Supongo que porque me sentí avergonzada de no haber respondido a la situación de una manera distinta. No sé. Me habría gustado enfrentar a aquella maestra que más que ser estricta, era una maestra “abusona”. 

Me habría gustado plantarme frente a ella y decirle con todo mi arte: 

– “Oiga maestra, ella sabe contar, y cuenta muy bien, pero cuenta a su ritmo y no al tuyo. ¡Y a nosotros no nos importa que nuestra amiga de ritmo distinto vaya a su bola mientras baile con nosotros!”.

A veces imagino que hubiera estado bien ponerle un toque de humor a la situación. Me habría gustado acercarme a mi amiga y enfrentar a la maestra abusona y decirle otra vez, con todo mi arte: 

“¡Eh, maestra abusona, mire yo tampoco tengo ritmo!” 

Y me habría puesto a bailar como mi amiga, a un ritmo distinto…  y quizá, otras de mis compañeras me habrían seguido. Habríamos dejado de ser espectadoras, habríamos construido juntas un puente que nos llevara de la vergüenza a la confianza, y habríamos conseguido que aquella maestra abusona sintiera un poquito de ridículo y quizá, un poco de esa vergüenza que había generado en aquel grupo que bailaba por diversión.

No hablé con nadie de ese incidente después de que ocurrió. No sé por qué. Supongo que por que antes tampoco le había prestado atención a esta emoción, que volvía sentir muchas veces más en mi camino vital, o porque palabras como vulnerabilidad o fragilidad tampoco sonaban y si lo hacían era para ser sinónimo de debilidad en esta, nuestra sociedad de consumo obsesionada con el éxito, la imagen, la riqueza de posesiones y la perfección.

Pero si lo piensas, si estás dispuesta o dispuesto a pensarlo… la verdad… siempre está en el fondo. 

¿Qué hay en el fondo de esas situaciones en las que nos ha visitado la vergüenza? ¿El dolor por la decepción? ¿El dolor de la humillación? ¿El dolor de la confrontación? ¿El miedo a no mostrarse tal y cómo uno es?

Annie Ernaux nos dice:

La vergüenza siempre lleva consigo la sensación de que, a partir de ese momento, puede suceder cualquier cosa, de que es algo que no tiene fin, pues la vergüenza se alimenta de la vergüenza.– Annie Ernaux.

Ojalá podamos poner recursos al conflicto que supone sentir vergüenza, esa vergüenza que todos alguna vez hemos sentido. 

Porque todos, alguna vez, hemos sentido que nuestra conducta no ha cumplido con ciertas expectativas. Todos, alguna vez hemos sentido que no hemos estado a la altura. Todos, alguna vez, nos hemos sentido pequeñitos, o hemos guardado silencio durante largo tiempo sobre aquello que no nos atrevemos a contarle a nadie, porque nos morimos de vergüenza. Es peligroso porque a veces, mientras más ignoramos la vergüenza,  más nos pesa, y a veces si los cimientos no están bien fortalecidos, corremos el miedo de que el peso, cada vez más intenso, termine por vencernos. 

Hay que ponerle recursos, palabras y redes a la vergüenza, siendo conscientes de que, como el miedo, es una emoción que nos hace vulnerables, 100% humanos. Cuando a mí me visita la vergüenza, procuro no controlarla, simplemente intento reconocerla, comprenderla y aceptarla. 

Como los artistas del arte pop, no necesitamos que nadie nos valide para ser quienes somos y transmitir nuestra visión del mundo. No necesitamos que nadie apruebe el ritmo en el que nos movemos, ni los pasos que decidamos dar. Si acaso, necesitamos comprensión y compañía para fortalecer esa confianza en uno mismo que a veces necesita de los demás para avanzar.

Algo así, como esas redes que alguna vez se tendieron debajo del puente Golden Gate para darle confianza a los hombres que la construyeron. Algo así, como las redes que en 2023 se terminarán de construir en el mismo Golden Gate para prevenir el número de suicidios que cada año ocurren en esta estructura emblemática de un tiempo en el que no había internet, no había televisión, los coches empezaban a circular, y la vida transcurría a un ritmo distinto, siempre complejo, siempre cambiante, que no era mejor, ni peor, a este tiempo en el que se siguen necesitando puentes.

¿Quieres descubrir más?
Aquí algunas fuentes que nos sirvieron de referencia.

Libro: La Vergüenza.
Autora: Annie Ernaux.

¿Te resultó útil el KM25?

Todos los kilómetros que hemos recorrido van en ese sentido: relatos que resulten útiles. Aunque el impacto pueda resultar pequeño, creemos que puede también ser profundo. Es por eso que a partir de esta temporada, hemos abierto la posibilidad para que quienes así lo deseen, puedan convertirse en Mecenas.

Hay un camino recorrido en el que no importa en qué momento llegues, lo que importa es que los transites con nosotros a tu ritmo. Todos los kilómetros se conectan entre sí, así que aquí te dejamos las dos propuestas que conectan con los contenidos del KM25.

¿Quieres escuchar un relato sobre la confianza?
Date un salto al KM 4: 500 metros más.

Latitudes. KM4: 500 metros más.

¿Prefieres un relato que vaya sobre el ingenio y la creatividad?
Date un salto al KM 8: Fuego.