FRAGMENTOS
¿Por qué cuidar es subversivo?
La respuesta es de la periodista Marta D. Riezu y la tomamos de su librito «La moda justa: Una invitación para vestir con ética».
Tengo una amiga que es un tesoro. Es un tesoro que me lleva a la riqueza de los libros. Cuando nos vemos, nos recomendamos lecturas y hablamos de todas aquellas fuentes que nos hacen sentir menos ajenas y más próximas al mundo que en ocasiones, nos cuesta trabajo comprender.
Esa amiga tesoro, me entregó hace unos días un librito de Marta D. Riezu llamado «La moda justa: una invitación a vestir con ética». De ahí he tomado el siguiente fragmento. La lectura completa, sin embargo, ¡bien merece la pena!
El respeto y el amor por los objetos se tiene o no se tiene, y nace uno desarraigado o nace cosista. Yo disfruto cuidando. Lo aprendí en casa. Mis padres lo hacían, sobre todo, por pragmatismo. Cuando se compraba algo -muebles, ropa, un radiocasete-, tenía que durar décadas. Aunque se tratase de objetos sin pedigrí, cuanto más los usábamos, más afloraba su encanto.
Se custodiaban las cosas también por solidaridad: si uno rompía algo perjudicaba al de al lado. Una mochila más para mí era un libro menos para mi hermano. La preservación era una metáfora de la gestión de las emociones familiares: reforzar antes de que se rompa, reparar la grieta pequeña (porque la grande cuesta más), preparar para el siguiente paso.
Estoy segura de que mis padres nunca se consideraron personas creativas, pero lo eran. Sabían resolver con medios limitados.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno británico repartió el panfleto Make Do and Mend, con ideas para mantener un aspecto elegante en tiempos de racionamiento. En mi infancia, en muchas casas aún había máquina de coser y un costurero desordenado, como centrifugado por un demonio de Tasmania, con botones sueltos y madejas de hilos enredados. Hoy la mayoría de los jóvenes ni se plantean coser. Les parece un retroceso, una perpetuación de los roles de género tradicionales. Lo cierto es que las habilidades siempre juegan a nuestro favor: es útil saber de finanzas, cocinas, primeros auxilios, bricolaje, mecánica. El conocimiento es un modo de defensa.
Arreglar la ropa es ir a contracorriente. Interesa que compremos, nos cansemos de ello y volvamos a comprar. Rehabilitar es creer que una economía virtuosa del objeto es posible. Implica autosuficiencia, concentración y paciencia. Si algo requiere nuestro esfuerzo lo valoramos más; conectamos con el capital humano que permitió su creación. Es menos probable que lo consideremos desechable. En la fragilidad del objeto vemos la nuestra.
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