Fragmentos

¿Cuál es la mayor gratificación que puede darnos algo en la vida?

By 27 de enero de 2024enero 28th, 2024No Comments

FRAGMENTOS

¿Cuál es la mayor gratificación que puede darnos algo en la vida?

La respuesta es del filósofo español Fernando Savater y la tomamos de su libro «Ética para Amador».

Por ahí del año 2000 mi madre me regaló «Ética para Amador» del filósofo español Fernando Savater. Fue una de mis primeras lectura en un momento de la vida en el que era tan protestona y rebelde como se podía. Mamá siempre ha recurrido a las palabras de otros para transmitir su sabiduría. Hoy te traigo un fragmento de este ensayo que nunca pasará de moda y que viene bien leer para comprender eso que es muy sencillo de comprender pero muy difícil de llevar a la práctica: la ética.

Tómate un Momento y disfruta la breve lectura:

Ética para Amador- Fernando Savater

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Cuál es la mayor gratificación que puede darnos algo en la vida? ¿Cuál es la recompensa más alta que podemos obtener de un esfuerzo, una caricia, una palabra, una música, un conocimiento, una máquina, o de montañas de dinero, del prestigio, de la gloria, del poder, del amor, de la ética o de lo que se te ocurra? Te advierto que la respuesta es tan sencilla que corre el riesgo de decepcionarte: lo máximo que podemos obtener sea lo que sea es alegría. Todo cuanto lleve a la alegría tiene justificación (al menos desde un punto de vista, aunque no sea absoluto) y todo lo que nos aleja sin remedio de la alegría es un camino equivocado.

¿Qué es la alegría? Un SÍ espontáneo a la vida que nos brota de dentro, a veces cuando menos lo esperamos. Un SÍ a lo que somos, o mejor, a lo que sentimos ser. Quien tiene alegría ya ha recibido el premio máximo y no echa de menos nada; quien no tiene alegría -por sabio, guapo, rico, poderoso, santo, etc., que sea- es un miserable que carece de lo más importante. Pues bien, escucha: el placer es estupendo y deseable cuando sabemos ponerlo al servicio de la alegría, pero no cuando la enturbia o la compromete. El límite negativo del placer no es el dolor, ni siquiera la muerte, sino la alegría; en cuanto empezamos a perderla por determinado deleite, seguro que estamos disfrutando con lo que no nos conviene. Y es que la alegría, no sé si vas a entenderme aunque no logro explicarme mejor, es una experiencia que abarca placer y dolor, muerte y vida; es la experiencia que definitivamente acepta el placer y el dolor, la muerte y la vida. 

Al arte de poner el placer al servicio de la alegría, es decir, a la virtud que sabe no ir a caer del gusto en el disgusto, se le suele llamar desde tiempos antiguos templanza. 

Se trata de una habilidad fundamental del hombre libre pero hoy no está muy de moda: se la quiere sustituir por la abstinencia radical o por la prohibición policíaca. Antes que intentar usar bien algo de lo que se puede usar mal (es decir, abusar), los que han nacido para robots prefieren renunciar por completo a ello y, si es posible, que se lo prohíban desde fuera, para que así su voluntad tenga que hacer menos ejercicio.

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