Fragmentos

«¿Por qué es importante perderse?» de Franco Michieli.

By 4 de marzo de 2026No Comments

FRAGMENTOS

«¿Por qué es importante perderse?»

La respuesta la hemos tomado del libro «La vocación de perderse» de Franco Michieli.

El Blog de Latitudes- La vocación de perderse de Franco Michieli

Mientras creamos, cada desvío y cada aparente error de dirección seguirán formando parte de la ruta, serán solo curvas del camino que nuevas sugerencias o llamadas silenciosas de la naturaleza podrán corregir con nuestra colaboración para llevarnos a una mesa lejana. La belleza de este escenario atrapa y se hace visceral porque no está predefinida, esculpida para siempre; es algo desconocido que se mostrará más o menos según la intensidad de nuestro deseo de encontrarla. Fluirá sobre nosotros con fuerza creciente cuando, en ciertos momentos, más perdida parezca cualquier referencia y nos encontremos suspendidos en el infinito, en la espera, hasta una nueva revelación. En esos momentos conoceremos algo que no ha sido planificado para el ser humano, sino que viene de más allá, un destello de la filosofía del universo.

¿Cómo puede existir, en pleno siglo XXI, la situación que escribo? También en las tierras del Sapmi -nome en legnua sami de Laponia-, entre Noruega, Finlandia y Rusia, el territorio está cartografiado a la perfección y es suficiente con dotarse de mapas para reconocer cada localidad. Con ayuda de brújula y reloj, resulta sencillo mantener las referencias de espacio y tiempo. Si además, como se hace hoy día de manera rutinaria, antes de partir se preparar un rastreo de GPS, se podrá seguir la ruta deseada incluso en la más espesa niebla, consultando el monitor y casi sin tener que mirar alrededor.

Mi amigo Davide y yo hemos reconquistado un espacio incierto y abierto a lo desconocido gracias a una elección radical que ya he puesto a prueba muchas veces en los últimos quince años: sencillamente hemos dejado los instrumentos artificiales en casa. No llevamos con nosotros mapas topográficos, relojes, brújulas, GPS, teléfonos, ni radios. Tras habermos alejado de las zonas habitadas de la costa del mar Báltico, los instrumentos de que disponemos son solo las referencias naturales y las facultades humanas, lo que en realidad no es poco: como seres vivos poseemos una sensibilidad llena de posibilidades, una imaginación que va más allá de lo visible, una cultura en grado de reconocer significados en escenarios desconocidos. Todo ello con una profundidad y una riqueza de matices muy superiores a los de la tecnología y con la posibilidad de equivocarnos y de corregirnos, que es la capacidad más útil. Por tanto, aislados por completo y en movimiento por la inmensidad blanca, durante un mes intentaremos alcanzar la otra costa a través de la tierra nevada. En medio hay dos o tres poblaciones que tendremos que encontrar para aprovisionarnos. Con nuestra elección, la posibilidad de perdernos es real, y por tanto, también lo contrario: puede ser la ocasión para encontrar, para encontrarnos, para ser encontrados por lo inesperado.

Fuente: «La vocación de perderse» de Franco Michieli.

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